La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer

La Primera Generación de Poetas a caballo entre los medios impresos en papel y las herramientas digitales de Internet

Posteado por generacionbloguer el Jueves, enero 29th, 2009

I want you…

 

 

“I want you, you, you…”

Tom Waits

 

 

 

Quedarme tan solo

un instante más

enredada en las sábanas

de la cama que huelen

a nosotros dos

una noche cualquiera

amándonos. Porque te deseo,

deseo, deseo, deseo

que fluye por mi cuerpo

en forma de silueta

que dibujan dos cuerpos

amándose, amándose

como nosotros dos

absortos en el deseo,

el deseo, ese deseo

que aún permanece

intacto en el hueco

de tu ausencia. Porque

anoche, como tantas otras,

tu cuerpo y el mío

cabalgaron juntos

hasta perderse en el abismo

que se crea a nuestro alrededor,

cuando en el centro mismo

del magma que forma

la esencia de nosotros dos amándonos,

fundiéndonos en lo más profundo

de lo que no se dice, que apenas se ve,

y que, sin embargo, se percibe

lentamente en el jadeo

agridulce que se nos escapa

de la boca cuando a punto

estamos de rendirnos tras la batalla,

y ese último beso

se alza entonces junto a las miradas

febriles que aún aguantan en pie

las embestidas del amor

y es entonces que al fin

susurro con el alma misma,

que lo que a ti me ata

en ese instante es el deseo animal

porque no hay más explicación

empírica ante el hecho más evidente

que puede producirse en una cama,

entre dos cuerpos que entrelazados,

en un baile lento y rítmico,

a veces convulso e indeterminado,

pero del todo lúcido pues, allí y ahora,

ellos se conocen y conocerán

mejor que nunca,

allí, el deseo, el firme deseo,

de penetrar más allá del alma del otro

se convierte en la respuesta definitiva,

aquello que conjuga en un breve silencio

que se interrumpe por el suspiro último

de tu boca y la mía,

tu cuerpo y el mío,

en una misma noche,

una madrugada que estalla

y se rompe bajo unas sábanas,

que quiebra en cierto modo

todo amanecer posible

pues el día se transforma ya para siempre

en el momento mismo en que cruzas la puerta,

te abalanzas sobre mí,

y el felino que se esconde dentro me abandona

porque niega toda defensa

y es entonces cuando he de admitir

lo evidente, el deseo,

que el deseo me conduce a ti,

porque el deseo me transforma

en la mujer

que escribe estas palabras

ahora que ya te has ido.

Desearte me conduce entonces

hacia mi misma,

hacia el centro neurálgico

del deseo mismo

que empuja toda vida

hacia delante.

Deseo de tener, tenerte,

desear sin más,

deseo al fin y al cabo

que me mantiene viva,

deseando…

 

 

 

 

ANA VEGA

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Mi padre se llamaba Daniel, un poema de Ana Pérez Cañamares

Posteado por generacionbloguer el Lunes, enero 19th, 2009

MI PADRE SE LLAMABA DANIEL

Lo primero que pensé fue:
se ha muerto solo
(acompañar en la muerte
es el mejor bálsamo
para la culpa)

Lo segundo que pensé:
no me ha devuelto
mi última llamada
(nunca nos planteamos
que el deseo de independencia
también puede ser hereditario)

Lo tercero: ya no tengo padres
(y al mirar atrás descubrí
que hace ya mucho tiempo
que ninguna mano
sujeta la bici que monto)

Ahora no puedo dejar de pensar:
padre, yo no estoy muerta
pero también me pierdo muchas cosas.

Ya no estoy enfadada contigo.
Cada vez que te pienso
es domingo por la mañana.
Me llevas sobre los hombros
y yo sé que vas a invitarme
a un batido de chocolate
en el bar de la barra de zinc.
Después tu mano grande se abrirá
frente a mis ojos, y me mostrará el tesoro:
una chapa de mirinda y otra de pepsi.

Cuarenta años para descubrir
que allí estaba todo ya dicho.

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

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Un poema de María Alcantarilla

Posteado por generacionbloguer el Sábado, enero 10th, 2009

Ya no necesito cajas para

empaquetar mis días. De

nuevo ha llegado el invierno y

las historias se van replegando

unas sobre otras como si el

mundo, de repente, dejara

a un lado su ritmo para hacerme

las maletas.

 

MARÍA ALCANTARILLA

Qui scribit.Servicio de Publicaciones. Diputación Provincial de Huelva. Huelva, 2007

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Posteado por generacionbloguer el Domingo, diciembre 21st, 2008

EL HOMBRE LOBO

 

 

Cecilia estaba cansada. Cuando llegó a casa arrojó el bolso al suelo y la chaqueta, se quitó el uniforme con toda la brusquedad y rabia que provocan ocho horas en una oficina. Se tumbó en la alfombra y se quedó quieta, mirando al techo. No podía pensar, ni moverse, sólo respirar hondo. Escuchó el ring con el que el teléfono parece amenazar siempre en todo momento de calma. Ni se inmutó. Siguió tumbada. El teléfono volvió a sonar. Se arrastró hasta él y acercó el auricular a la oreja como quien sujeta un ladrillo con ambas manos. María había quedado en el bar a las once con las demás. Algo rápido. Cecilia dijo que sí, que allí estaría. Volvió a tumbarse en el suelo y se arrancó las medias, como si éstas estuvieran a punto de cortarle la circulación sanguínea. Volvió a respirar hondo. Se sentó y se fumó un cigarrillo. Luego preparó algo de cena y se metió en la ducha. Cuando cerró el grifo permaneció allí de pie casi diez minutos. Su cabeza le repetía: ¿Existe algún hombre bueno? De repente, su mente elaboró una especie de rueda de reconocimiento policial, tras la mampara de la ducha del baño, de todos los impresentables que habían pasado por su vida. El mentiroso compulsivo, el infiel, el que va de víctima, el egoísta, el inseguro, el débil al que le gusta herir y el egocentrismo puro que se escondía tras todas las cremalleras que había desabrochado. Sintió que no podía respirar. Salió de la ducha, cogió la toalla y se fue a la cocina. Se tomó un whisky y se dio unos golpecitos en la cabeza con el vaso. Sentía los latidos del corazón en la sien izquierda.

A las once llegó al bar. Sus amigas le hicieron un gesto desde el fondo. Se abrió paso entre la multitud y se acercó hasta ellas. Les dijo que iría a la barra a pedir algo fuerte, que seguía perdida, con la misma pesadilla que no le dejaba dormir noche tras noche: un hombre lobo la perseguía por la ciudad, pero su voz era conocida, aunque ella no parecía recordar a quién podría pertenecer.

Cuando se acercaba a la barra, un hombre la agarró por la cintura y le dio la vuelta con fuerza. Cecilia de repente sintió miedo, le miró a los ojos pero no pudo reconocerle. Su voz le resultaba familiar. El hombre le susurró al oído: ¡Buenas noches, Cecilia! Ella, con total solemnidad, como si en su respuesta hallase la ecuación científica cuyo valor cambiaría el mundo, aquello que parecía perseguirla, le preguntó: ¿Tú eres un hombre bueno? El hombre sonrió al principio, luego comenzó a reírse con más y más ganas, hasta que la carcajada se convirtió en una especie de convulsiones que se transformaban en extrañas mutaciones en rostro y cuerpo. Su cara se alargó, le crecieron los colmillos, surgió el hocico de la nada, las orejas puntiagudas, las uñas largas y, en resumen, las fauces del lobo. Cuando la transformación concluyó, éste agarró a Cecilia del brazo y atrayéndola hacia él, mientras con las uñas de la pata derecha le rozaba el vientre -casi el pecho-dijo, con mirada torva y cierto desdén: “Sí, Cecilia, soy un hombre bueno, muy, muy bueno”. Entonces estiró la lengua hasta su mejilla. Cecilia de forma instintiva apretó las piernas. La mujer de al lado hizo lo mismo. Y la de enfrente. Y todas las mujeres del bar.

Dicen que a ciertas horas de la noche ningún hombre bueno puede esconder su verdadero rostro…

 

Ana Vega

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El abismo, un poema de Katherine Mansfield

Posteado por generacionbloguer el Miércoles, diciembre 10th, 2008

EL ABISMO

 

Un abismo de silencio nos separa

Yo estoy de un lado del abismo -tú del otro-

No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí-

Suelo llamarte por un nombre infantil

y fijo que el eco de mi grito es tu voz.

Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos, tocándonos-

antes pensaba que podríamos llenarlo con nuestras lágrimas,

ahora quiero destrozarlo con nuestra risa

 

KATHERINE MANSFIELD

Té de manzanilla y otros poemas, Selección, traducción y prólogo de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich, Edit. Bajo la luna, Buenos Aires. 2006

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ANIVERSARIO EN DACHAU, Lucía Fraga.

Posteado por generacionbloguer el Lunes, diciembre 1st, 2008

Dijimos “sin preguntas”,

aunque ahora hasta daría un euro-dólar

por tus pensamientos en negro.

Tal vez, te tenga que sacar

la moneda de debajo de la boca

para saber qué piensa un muerto

y, así, dejarte en esta orilla,

condenándote conmigo

sin blanca para pagarle al barquero.

Aquel día los alemanes iban de gris,

y tú llevabas esta misma gabardina

con la que limpio las gotas de whisky

en la misma mesa

donde nos dijimos “bis morgen, Liebe”.

Víctor e Ilsa pasaron a la Historia.

A la Historia de los libros, los diarios,

los homenajes y los sellos.

Tú y yo quedamos sellados,

como cada uno de los latigazos

que dejó la garra de Dachau

en mi espalda.

“Yo corría sobre el camino del campo,

hecho con las lápidas de los Horowitz.

como por el teclado de un viejo pianista,

de octava en octava mal percutida.

El ángel de la muerte me había desnudado.

Marcó con una estilográfica Sheaffer Wasp

los puntos de intervención:

La falsa judía era demasiado resistente,

demasiado lívida y demasiado rubia:

Había que inocularle la semilla de un ario

La misa del Gallo. Mi infancia en Leibnizstrasse.

La espalda en arco. Los ojos hacia el filamento de una bombilla.

El gramófono de la casa de mis padres: Preludio a la siesta de un Fauno.

Uno. Cuchillada abdominal de carne humana.

Primeros pasos de la mano de mi hermano en Schloss Sanssouci bei Potsdam.

Dos. Giro la cabeza: lleva una pistola.

El desván de la casa de mi abuela y mi amiga Hildegard.

Tres: Muere.

Me saco al SS de encima.

Cojo una gabardina y una boina. Paso el control. Disparan. Tú gritas: LASSEN SIE”

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El cuento de las mujeres viejas, un poema de Tadeusz RoZewicz

Posteado por generacionbloguer el Lunes, diciembre 1st, 2008

EL CUENTO DE LAS MUJERES VIEJAS

 

Me gustan las mujeres viejas

las mujeres feas

las mujeres malas

 

son la sal de la tierra

 

no aborren

la basura humana

 

conocen el revés

de la medalla

del amor

de la fe

 

vienen y van

los dictadores hacen bufonadas

tienen las manos manchadas

con sangre de seres humanos

 

las mujeres viejas se levantan al amanecer

compran carne frutas pan

limpian cocinan

están en la calle con las manos

cruzadas callan

 

las mujeres viejas son

son inmortales

 

Hamlet se lanza dentro de su red

Fausto juega un papel vil y ridículo

Raskolnikov golpea con su hacha

 

las mujeres viejas son

indestructibles

sonríen con indulgencia

 

muere el dios

las mujeres viejas se levantan como cada día

al amancer compran pan vino pescado

muere la civilización

las mujeres viejas se levantan al amanecer

abren las ventanas

tiran los desperdicios

muere el hombre

las mujeres viejas

lavan al difunto

entierran a los muertos

plantan flores

sobre las tumbas

 

me gustan las mujeres viejas

las mujeres feas

las mujeres malas

 

creen en la vida eterna

son la sal de la tierra

corteza del árbol

son los humildes ojos de las bestias

 

la cobardía y el heroismo

la grandeza y la pequeñez

ellas ven en dimensiones exactas

cerca de las exigencias

del día cotidiano

 

sus hijos descubren América

perecen en las Termópilas

mueren en las cruces

conquistan el cosmos

 

las mujeres viejas salen al amanecer

van a la ciudad compran leche pan

carne condimentan la sopa

abren las ventanas

 

sólo los tontos se ríen

de las mujeres viejas

de las mujeres feas

de las mujeres malas

 

porque ellas son las mujeres hermosas

las mujeres buenas

las mujeres viejas

son un huevo

son el misterio sin misterio

bola que está rodando

 

las mujeres viejas

son las momias

de los gatos sagrados

 

son pequeñas

arrugadas

cada vez más secas

manantiales frutas

o gordas

budas ovalados

 

cuando mueren

del ojo cae

una lágrima

y se une

sobre los labios en la sonrisa

de una muchacha joven

 

TADEUSZ ROZEWICZ

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La suite doméstica. Cristina Morano

Posteado por generacionbloguer el Martes, noviembre 25th, 2008

25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia de género

La suite doméstica

1 – El perdón
Hoy la casa estaba pintada de azul
pero nos escondíamos, nos rebelábamos a la dulzura.
Cuándo y cuánto me será perdonado
entre las cosas que voy juntando, ganadas al espacio,
cuánto de aquello con lo que vivo me será perdonado
y hasta dónde podré llegar con todo ello.

2 – La víctima

“Y, tranquila, que esta vez
nadie está vigilándote”.
Antonio de Pinto

No odiaba el miedo por el miedo
sino por hacer de mí un animal
indescifrable,
que intentará parar el daño,
aun cuando la mano tendida
lleve unos tallos de iris.
Pues permanece todavía el ademán
arisco que el desamparo impone
en las maneras de los solos. Su extrema
vulnerabilidad a los detalles.
La sensación de que el siguiente
golpe se retrasa.

4 – Matador
No llevaba ninguna marca diabólica,
no tenía cuernecillos rojos,
ni un número. Era guapo,
buen hijo, extrovertido y genial
para las fiestas. Como cualquiera.
La primera vez que le quité las gafas,
ella pensó que iba a limpiárselas.
Cuando rompimos, los compañeros
me miraban, luego, por la calle,
como si fuera un monstruo,
algo muy raro.
Algo que nadie nunca
hubiera admitido como perteneciente
a los de su especie.
Que nadie nunca.

5 – La siguiente
Usted se equivoca, le repito,
aunque me vea así.
La luz de este ascensor
me hace mayor y más tristona.
Esto no es un caso de maltrato,
acabo de dejarle lamentándose.
Sí, tenemos problemas, graves, de pareja,
sobre todo de dinero.
Pero no se equivoque, yo
no necesito de su ayuda.
Tenga su pañuelo.

Cristina Morano (El fragmento “La víctima” salió en la revista Nayagua de Getafe, y “La siguiente” saldrá en la antología que prepara David González)

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Posteado por generacionbloguer el Domingo, noviembre 23rd, 2008

“La calma”

 

La calma

que acompaña

al punto más álgido

del dolor

más agudo

es, sin duda,

la calma más sonora,

ruidosa,

e hiriente,

que puede

escucharse

bajo los párpados.

 

 

En la ceguera

que provoca el dolor

todo susurro

se transforma

en grito.

 

 

La impotencia

se convierte

en golpe seco

con el que un martillo

invisible

golpea

el vientre

y la cabeza.

 

 

Y ese calor indefinido

que se apodera

del cuerpo

y lo inunda

con voces roncas

a modo

de diminutos clavos

que se incrustan

bajo la piel,

toda la piel, las vísceras,

la razón…

 

 

Es la calma extraña

que inunda

lo imposible,

el desahucio

definitivo,

la lágrima

que se seca

antes de llegar

al ojo.

 

 

Y nadie entonces alrededor.

Y nadie cerca.

Sólo esa extraña calma

ensordecedora.

 

 

Ana Vega

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Slide Vídeo de la presentación de EL CUADERNO GRIEGO, de ANA VEGA

Posteado por generacionbloguer el Miércoles, noviembre 19th, 2008

En el cuaderno de bitácora de la poeta Ana Vega, se puede ver un vídeo slide, de la presentación hace unos días de su libro El cuaderno griego (Universos Editorial, Oviedo, 2008) en la librería Cervantes. Nos alegramos, desde aquí, por el éxito de público en dicha presentación, algo que debería ser habitual cuando una gran poeta presenta un gran libro. Podéis visionar un vídeo slide de dicha presentación o bien en el post correspondiente al viernes 14 de noviembre en el blog de Ana:

El cuaderno griego

o bien en esta dirección:

http://www.slide.com/r/AlI2xJoD1j8ZvRCPEIy_orA0Ixk_iPe4?previous_view=TICKER&previous_action=TICKER_ITEM_CLICK&ciid=2666130979551936259

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